Empezamos el año con una entrevista a José Antonio García García, un enfermero que se autodefine como un facilitador clínico que lucha por conectar la evidencia científica actual con la realidad del cuidado en la asistencia sanitaria. José Antonio es el presidente de una incipiente asociación, la Societat Catalana de Lesions Complexes y miembro del Comité Consultivo del GNEAUPP.
José Antonio, ¿Cómo quieres ser presentado?
Más que por mis títulos, prefiero que me presenten por mi pasión, que además coincide con el lema de la Societat Catalana de Lesions Complexes, de la que actualmente tengo el honor de presidir en sus primeros pasos: Cuidar personas para curar heridas.
Mi rol no es solo curar lesiones; es intervenir en el sistema para que la lesión no aparezca. Intento ser un facilitador clínico que lucha por conectar la evidencia científica actual con la realidad del cuidado en la asistencia sanitaria. Utilizando un símil, pensemos por un momento que la piel es el espejo del sistema sanitario: si la piel se rompe bajo nuestro cuidado, es que el sistema tiene grietas.
Explícanos brevemente tu trayectoria profesional hasta día de hoy.
Mirando hacia tras me doy cuenta que han pasado ya 35 años de mi vida profesional que no son pocos. Mi trayectoria la definiría como una convergencia entre la gestión clínica, la especialización y la docencia universitaria.
Mi base de operaciones es la Xarxa Sanitària, Social i Docent de Santa Tecla en Tarragona, donde ejerzo como Enfermero Consultor y Gestor, transversal a la organización, liderando la Consultoría de Lesiones Complejas desde el año 2007. Empecé en la trinchera asistencial, en poco tiempo pasé a la gestión en la unidad de cirugía, esa etapa duró nada más y nada menos que 16 años. Trabajar en una red que integra lo sanitario, lo social y lo docente ha sido determinante para mi visión, me enseñó a tratar la lesión sin olvidar el entorno de la persona.
Creo que el conocimiento clínico debe transferirse. Por eso, combino la asistencia con la actividad docente, desde hace también muchos, años en tres universidades: formo a expertos en heridas de difícil cicatrización en la URV, en úlcera venosa en la UAX y en coloproctología y estomaterapia en la UFV.
Este perfil docente se complementa con una formación de base que pasa por Másters en Ciencias de la Enfermería y Heridas Crónicas, y postgrados en Pie Diabético, Estomaterapia e Investigación Cualitativa. Todo ello confluye en mi responsabilidad actual como miembro del comité consultivo del GNEAUPP y como presidente de la Societat Catalana de Lesions Complexes (SCLC), desde donde impulsamos el avance de nuestra disciplina. 
¿Nos puedes presentar el centro en el que trabajas?
Más que un centro, yo diría, que trabajo en un ecosistema integral de cuidados.
La Xarxa Sanitària, Social i Docent de Santa Tecla de Tarragona no es el típico hospital jerárquico; es una organización en red que rompe los esquemas tradicionales. Somos una entidad sin ánimo de lucro que fusiona tres mundos que nunca debieron separarse: lo sanitario (desde la atención primaria hasta el hospital de agudos), lo sociosanitario y la acción social.
¡Imaginaros la potencia de esta organización para alguien dedicado a la integridad cutánea! Esto nos permite algo revolucionario a la vez que imprescindible cuando hablamos de seguridad: la continuidad real del cuidado. Cuando tratamos una lesión compleja, no tenemos que pelearnos con un sistema externo para saber qué pasará cuando la persona reciba el alta, porque la residencia o el centro de atención primaria a menudo son parte de nuestra misma red. Es el escenario ideal para implementar la seguridad de la persona de forma transversal, entendiendo que la salud no termina en la puerta del hospital.
¿Nos puedes explicar tu día a día en relación a la integridad cutánea? ¿Qué te encuentras? ¿Ha habido cambios o evolución a lo largo de los años?
Mi día a día ha pasado de ser una labor de “manos” a ser una labor de “mentes”, me explico, como consultor en una red tan amplia, mi jornada no consiste en cambiar apósitos, sino en liderar la toma de decisiones clínicas junto a mis compañeros. Me dedico a resolver los casos que se han “estancado” o mejor dicho de difícil cicatrización, actuando de nexo entre los diferentes niveles asistenciales.
¿Qué me encuentro hoy? Me encuentro con la paradoja del éxito de la medicina: personas que sobreviven a patologías que antes eran mortales, pero que llegan a edades muy avanzadas con una fragilidad extrema y una piel muy frágil. Ya no vemos la úlcera de talón aislada; vemos a una persona de 90 años, diabética, con insuficiencia cardiaca y deterioro cognitivo, que demás tiene una lesión. Gestionamos complejidad biológica y social, no solo tejido dañado. En definitiva, la paradoja de tener los mejores apósitos, pero personas más frágiles que nunca.
Sobre la evolución, quizá resumiendo, he vivido y vivo dos revoluciones opuestas:
Por un lado, la tecnológica (que es positiva): He pasado de la era de la gasa y la povidona a la bioingeniería, la terapia de presión negativa y los sustitutos dérmicos. Hoy curamos lo que hace 20 años amputábamos.
Y por otro, la Informativa (el nuevo desafío): Si antes luchábamos contra la falta de información, hoy luchamos contra el exceso o mejor llamarlo “ruido”. Me encuentro a diario con personas, cuidadores, familiares o incluso profesionales confundidos por tratamientos virales de redes sociales sin base científica. Mi trabajo ha evolucionado hacia la alfabetización en salud: a menudo tengo que ayudar a “desaprender” mitos para poder empezar a curar con evidencia.
José Antonio, ¿Cuál crees que es la situación actual y global en España sobre seguridad del paciente y la integridad cutánea?
Yo empezaría diciendo algo que resume muy rápidamente lo que pienso: España vive una realidad a dos velocidades: somos una potencia teórica, pero sufrimos una gran inequidad práctica.
Tenemos un capital humano excepcional y guías de práctica clínica de vanguardia, pero fallamos en la transferencia a la práctica. La situación actual presenta una variabilidad clínica que me atrevería a definir como inaceptable. Dependiendo del código postal, la probabilidad de que una persona desarrolle una lesión compleja o reciba el material de prevención adecuado varía drásticamente. Esta inequidad injustificada según la Comunidad Autónoma, e incluso según el hospital en el que ingrese es uno de los mayores enemigos de la seguridad actual.
Además, estamos en un punto de inflexión. La seguridad de la persona ya no es una lista de verificación (checklist), es una cultura. En España todavía nos cuesta abandonar la cultura de la culpa para abrazar la Cultura Justa (Just Culture).
Necesitamos un sistema donde reportar una lesión o un evento adverso no se viva como un fracaso personal o una sentencia para el profesional, sino como una oportunidad para analizar fallos del sistema (ratios, falta de material o fallos de comunicación) y generar aprendizaje.
Creo que hemos avanzado muchísimo en saber qué hacer, pero nos falta una estrategia nacional vinculante que garantice que ese conocimiento llegue a la cama de la persona, viva donde viva.
¿Qué piensas del trabajo que se hace sobre la Seguridad del Paciente y la Prevención de eventos adversos relacionados con la integridad cutánea a nivel hospitalario? ¿Qué crees que se tendría que hacer o mejorar?
Aunque avanzamos día a día y se está realizando un muy buen trabajo, corremos un riesgo real que no es otro que caer en una ‘seguridad cosmética’.
Rellenamos registros impecables, pero esos datos deben transformarse en prevención real a pie de cama. A nivel hospitalario, a menudo confundimos la herramienta con el objetivo. Rellenar una escala de riesgo (Braden, Norton…) no puede ser un mero trámite administrativo al ingreso. Si ese dato no detona automáticamente un plan de cuidados y proporciona recursos (SEMP, rehabilitación, nutrición…), no estamos haciendo seguridad, estamos haciendo burocracia. Seguimos atrapados en un pensamiento automático en lugar de aplicar el pensamiento crítico.
¿Qué podemos hacer para mejorar la situación? Yo lo centraría, en estos momentos, en 3 ejes fundamentales:
La tecnología como aliada: Debemos integrar la Inteligencia Artificial en la Historia Clínica. El sistema debe cruzar datos (albúmina, inmovilidad, edad…) y alertarnos del riesgo en tiempo real. Que la máquina calcule los números para que la enfermera tenga tiempo de tocar y cuidar a la persona, que es la esencia de la enfermería.
Un abordaje transdisciplinar real: La integridad cutánea es un indicador de calidad de todo el hospital, no solo de cuidados. Es indispensable que cada profesional del equipo aporte su competencia para prevenir la lesión.
Y, por último, pero no menos importante, humanizar el dato: Debemos dejar de mirar solo la lesión y mirar a la persona. Una lesión no es solo presión; es dolor, es desnutrición, es depresión, es sufrimiento, es inmovilidad, es calidad de vida y muchos aspectos más. Si no tratamos el ‘todo’ desde la visión holística, la piel volverá a romperse.
. ¿Crees que se investiga lo suficiente en Seguridad del paciente e Integridad Cutánea?
Decir simplemente ‘no’ sería quedarme corto. La realidad es que nos ahogamos en datos, pero estamos sedientos de conocimiento aplicable.
Sufrimos un desequilibrio evidente, se investiga mucho sobre productos (impulsado lógicamente por la industria), pero poquísimo sobre cuidados, gestión y costes de oportunidad. Faltan estudios independientes de alta calidad sobre la efectividad real de los protocolos de prevención en los diferentes entornos de cuidados.
Además, la investigación actual a menudo olvida al protagonista. Necesitamos estudios basados en PREMs y PROMs (Patient-Reported Experience/Outcome Measures). No me digas solo si la lesión cicatrizó, dime cómo afectó eso a la calidad de vida de la persona durante el proceso. Ahí reside el verdadero cambio de paradigma que necesitamos en la investigación.
¿Con tu experiencia y la realidad que vives cada día, ¿cómo ves el tema de la dotación de material de prevención en la atención hospitalaria?
Tengo que reconocer que en la Xarxa Sanitària, Social i Docent de Santa Tecla, la prevención forma parte de la cultura de la organización, no solo un ítem presupuestario. De hecho, destinamos una partida económica muy importante a este objetivo. Quiero aprovechar para reconocer públicamente el trabajo de nuestros grupos de prevención, cuyo proyecto sobre gestión de SEMP (Superficies Especiales de Manejo de la Presión) fue galardonado con el Premio Nacional a las Buenas Prácticas en 2021. Eso demuestra que invertir funciona.
Sin embargo, mirando el panorama general, veo que a menudo se cae en el clásico error de la economía sanitaria donde ahorramos en céntimos para gastar en millones. Todavía existen gerencias que restringen el acceso a superficies de alto rendimiento por su coste unitario, sin calcular que una sola úlcera de categoría IV cuesta infinitamente más que equipar toda una unidad con colchones viscoelásticos de última generación.
La prevención como estrategia hay que explicarla muy bien y no solo desde los recursos materiales y ¡cuidado!, porque la estrategia no acaba en la compra. Podemos tener la mejor tecnología del mundo en el almacén, pero si falta el recurso más caro y escaso —el tiempo de enfermería— para utilizarla correctamente, la prevención fallará, por eso es necesario instalarse en la mejora continua.
Por supuesto tenemos muchas cosas que mejorar y en ello trabajamos, por ejemplo en establecer un plan de renovación sostenible y ágil que evite que los equipos queden obsoletos sin darnos cuenta. Debemos ser proactivos para que la calidad de la prevención sea homogénea en todas las camas. La prevención no puede llegar tarde.
¿Crees que la prevención que se hace (o debería hacer) en los otros dos niveles asistenciales (Atención Primaria y Sociosanitaria) tiene consecuencias en los otros niveles?
Rotundamente sí; las consecuencias son directas. Funcionamos como vasos comunicantes. Si me permites el símil: si cede el dique de contención de la Atención Primaria o del sector sociosanitario (incluyendo el ámbito residencial), el hospital se inunda.
El hospital actúa en el momento agudo, pero la vida transcurre en la comunidad. Las lesiones complejas que vemos en especializada son, frecuentemente, el síntoma de un fallo estructural en la prevención comunitaria. Y quiero ser muy claro aquí: no es por falta de competencia o conocimiento de mis compañeros de Primaria o Residencias, es por una alarmante falta de recursos y ratios imposibles.
Necesitamos derribar los muros asistenciales. La continuidad no puede ser un papel o un email; debe ser una interoperabilidad real. De nada sirve que yo diseñe un plan de prevención de excelencia al alta si la persona llega a una residencia donde no tienen el material específico para ejecutarlo. Si el recurso no viaja con la persona, el ciclo de seguridad se rompe.
La continuidad asistencial efectiva y bidireccional es la única “vacuna” real que tenemos contra la cronicidad.
¿Cómo ves como profesional la web de prevencionulcerasyheridas.com? ¿Cuál es tu opinión sobre este recurso?
En la era de la infoxicación, recursos como este no son solo necesarios, son imprescindibles.
Como mencionaba antes, luchamos contra el ruido y la desinformación digital. Por eso, tener un portal como prevencionulcerasyheridas.com, que filtra y ofrece contenido riguroso fundamentado en la Práctica Basada en la Evidencia, es vital. No solo para profesionales, sino también para las personas y sus cuidadores.
En mi opinión, este recurso democratiza el conocimiento experto. Valida la idea de que la ciencia no puede quedarse encerrada en papers de pago o revistas de impacto, sino que debe estar disponible, accesible y lista para ser usada por quien está a pie de cama tomando decisiones.
¿Estamos preparando realmente a la persona y a su familia para ser copartícipes activos de su seguridad?
Para responder, necesitamos un cambio de paradigma. Desde una visión transdisciplinar, la seguridad del siglo XXI debe abandonar definitivamente el paternalismo; ya no se hace para la persona, se hace con ella.
Debemos fomentar la cultura de la prevención desde el minuto cero. La persona o el cuidador debe tener el empoderamiento y la confianza necesaria para interpelarnos: ¿Te has lavado las manos antes de tocarme? o ¿No me toca ya el cambio de postura?
Hasta que no integremos a la persona (y a su cuidador) como un miembro activo del equipo, nuestro sistema de seguridad seguirá teniendo puntos ciegos.
José Antonio, Cuéntanos algo que muy pocos sepan de ti..
Normalmente contesto que soy bastante normal… hasta que empiezo a hablar.
Muy poca gente sabe que nací en una zona del altiplano granadino y que mi familia conserva desde hace muchas generaciones una casa cueva. Allí, entre muros excavados en la tierra, crecí rodeado de muebles antiguos que han pasado de mano en mano, y sin darme cuenta despertaron en mí una afición poco común: la restauración. Es un proceso lento, que exige mucha paciencia y atención al detalle, pero para mí es casi una forma de meditación. Quizá por eso conecte tan bien con otra “pequeña manía” que tengo y que tampoco suelo contar: viajar. Más que una afición, es una auténtica adicción, especialmente cuando se trata de perderme en lugares remotos, de esos que no salen en las guías y que siempre esconden una buena historia y la propia gente del lugar te mira con cara de sorpresa porque no entiende muy bien qué haces allí visitando su aldea
¡¡Muchas gracias José Antonio!!
Joan Enric Torra i Bou
